DÉFICIT DE ATENCIÓN E HIPERACTIVIDAD

Esta vez hablaremos del trastorno que está de moda, el que todo el mundo conoce y del que todo el mundo habla. Se trata del trastorno de déficit de atención con o sin hiperactividad.

School pupil thinking of notes in her copybook

Actualmente es al trastorno que se recurre para explicar el fracaso escolar, los problemas de comportamiento de los adolescentes, y el malestar de la familia cuando las relaciones interpersonales generan conflictos.

Dato importante es como los padres pueden acudir a la consulta con un diagnóstico sospechoso o establecido realizado por un profesor o por ellos mismos. Y lo llamativo es que algunos se presentan en las consultas con el deseo de que ese diagnóstico se confirme.

El déficit de atención e hiperactividad es el trastorno más diagnosticado en la infancia, por lo que es primordial que los criterios estén bien definidos y no haya posibilidad de error.
Al igual que la importancia de los criterios, lo es tener experiencia clínica, ya que un diagnóstico puede parecer sencillo, pero no siempre lo es.

Los síntomas básicos son, por un lado, la atención que se da cuando el niño no escucha, no termina las tareas y pasa de una actividad a otra sin centrarse en ninguna; por otro, la hiperactividad que se manifiesta en la enorme dificultad de permanecer sentado; y por último la impulsividad, que se puede manifestar de diferentes maneras dependiendo el contexto.

Por otra parte, y en cuanto a la evolución, los estudios longitudinales que se han realizado confirman un curso favorable. Aun así están los factores de buen pronóstico, como serían el nivel socioeconómico alto, la estabilidad emocional de la familia, la ausencia de patología psiquiátrica en el medio familiar y el coeficiente intelectual normal con ausencia de déficits cognoscitivos. Y por otro lado están los factores de mal pronóstico, como son las conductas agresivas, la inestabilidad emocional, la baja tolerancia a la frustración y las dificultades de aprendizaje, así como los acontecimientos vitales estresantes y la presencia de enfermedades psiquiátricas en la familia.

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