SUICIDIO EN MAYORES

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El suicidio es un tema tabú poco hablado en la sociedad, pero es un tema tan antiguo como desde los inicios de la historia, es decir, siempre ha estado ahí, teniendo en cuenta el estilo cultural al que pertenece la persona, los valores, hábitos, costumbres…

En España es uno de los principales motivos de muerte en tercera edad. Hay multitud de personas que estando en su sano juicio afirman la idea de suicidarse si llegaran a una enfermedad incapacitante, que supusiera una carga para los demás.
La ideación suicida está acompañada de una gran cantidad de pensamientos, entre los que están: el deseo de morir, la representación suicida, la idea de autodestrucción que puede tener un planteamiento inespecífico o indeterminado todavía o con una sobrada planificación.

Dentro de los tipos de suicidio podemos distinguir varios según los autores, uno de ellos sería:
• Simulación suicida: es la acción de suicidio que no llega a su fin, porque no existe una auténtica intención de hacerlo.
• Riesgo de suicidio: es la posibilidad de que un anciano atente premeditadamente contra su vida. Se incrementa el riesgo si percibe la idea de minusvalía, deseo de muerte por considerarla un descanso, amenazas y tentativas suicidas previas.
• El parasuicidio: es un conjunto de conductas donde el anciano deliberadamente se produce daño físico.
• “Suicidio silencioso”: es la intención enmascarada de provocarse la muerte por medio de métodos no violentos, generalmente mediante el abandono de las necesidades básicas o mediante el incumplimiento de tratamientos médicos esenciales.

Aun así, existen muchos mitos sobre el suicidio. Se cree que es debido al desconocimiento del tema por ser tabú y no hablarse de modo claro.

No es verdad, el que el suicidio se verifica sin señales de aviso; aquellos que hablan del suicidio no lo llevan a cabo, aproximadamente el 75% (datos del teléfono de la esperanza), los que se suicidan lo habían intentado con anterioridad, y de cada 10 personas que lo consumaron 9 dieron avisos, aunque fueran sutiles, de lo que ocurriría o habían hablado de ello. No es cierto que hablar del suicidio haga nacer en las personas la idea de cometerlo, al revés, el hablarlo se ha comprobado que reduce el riesgo, y puede ser la primera posibilidad, quizá irrepetible, de iniciar su prevención. Tampoco es cierto que todo el que se suicida está deprimido, a pesar de ser un factor de riesgo. El suicidio no es hereditario, lo que sí se hereda es la predisposición a padecer ciertas enfermedades en las que éste puede ocurrir como esquizofrenia, trastornos afectivos, etc.

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